Dinero maldito que nada vale

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Les traemos en Soytj la colaboración de Felix Cortés Camarillo articulista que participa en diversas publicaciones nacionales y que nos habla de lo que estará por ocurrir con el anunció que tiene que hacer la Reserva Federal de los Estados Unidos sobre las tasas de interés.


 

Presumiblemente hoy jueves la Reserva Federal de Estados Unidos, que es el banco central del país más importante del mundo, anunciará su decisión de elevar o no las tasas de interés interbancario en el país. Lo previsible es que la decisión sea aumentar esas tasas, dada la tendencia hacia la recuperación de la economía estadunidense. Ese paso tendrá un efecto inmediato en todo el mundo; para México y su economía será definitivo, dependiendo su magnitud del impacto de dos factores: el tamaño del aumento y la reacción que el doctor Agustín Carstens y su equipo de sabios tengan lista.

La consecuencia inevitable de un aumento en las tasas de interés de los bancos estadunidenses se traduce en un atractivo para los dueños del dinero, para regresar sus capitales a donde el rendimiento se vuelva a convertir en ganancioso. Cifras millonarias se mudarán a los bancos y empresas de Estados Unidos ofrecerán mejores ganancias. El impulso que tendrán los inversionistas será mayor. ¿De dónde vendrá ese dinero? De cualquier parte donde haya estado invernando, esperando la primavera que hoy ha de anunciarse en la economía de Estados Unidos. Es presumible una reactivación de la economía; las empresas prósperas darán mayores dividendos a quienes inviertan en ellas.

Es obvio que en México hay un monto considerable de capital esperando esa medida, y que inevitablemente se va a retirar de nuestro país; el señor Agustín Carstens ha anticipado ya en más de una ocasión que México elevará, también, las tasas de interés que se pagan al capital aquí depositado, para evitar o limitar su marcha. Se llegó, incluso, a especular con que el Banco de México tomaría la decisión del aumento de tasas por su cuenta, adelantándose a los gringos, lo cual era un absurdo.

Pero todo esto lleva a una conclusión inevitable: el dinero se va a poner más caro en México, y los precios de toda mercancía van a seguir el mismo camino que lleva a la inflación. Ese fenómeno, que ha sido una sombra amenazante desde que el peso mexicano empezó a resbalar por el tobogán de las devaluaciones, se ha contenido, precisamente, a la espera de la decisión de la Reserva Federal estadunidense que comenzó ayer su sesión de dos días. Si bien el aumento en los precios de los productos de mayor integración de partes importadas no se pudo impedir, la inflación en los productos de consumo inmediato no se desató implacable, lo que permitió al gobierno mexicano mantener la ilusión de que el desliz del peso frente al dólar nos hacía los mandados. Eso va a dejar de ser cierto inmediatamente, si alguna vez lo fue.

Las mentes conservadoras de Europa (ver The Economist de la semana pasada) recomendaban a la Reserva Federal cautela antes de tomar la decisión, por lo menos, sugerían, subir las tasas de manera gradual, escalonada. Otros temerosos señalaban el importante indicador de la industria automotriz en Estados Unidos: este año se han vendido diecisiete millones de nuevos automóviles gracias a los bajos intereses de los créditos. Los compradores llegaron a deber en el segundo trimestre de 2015 un billón de dólares en automóviles nuevos. Si las tasas de interés vuelven a subir, ese mercado sufrirá bastante.

¿Para qué adivinas, si vas a saber?, decía el sabio veracruzano Ruiz Cortines. Lo indudable es que si las tasas de interés suben en Estados Unidos, el cinturón de los mexicanos va a tener que hacerse un orificio más.

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