¿La quema viva o la mata antes?

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Este día en Soytj te presentamos la columna que escribió Román Revueltas un medio nacional sobre lo que ocurre con la polémica del vídeo de Gerardo Ortíz en un país en el que la violencia está latente.


 

Román Revueltas Retes

No he mirado el video del cantante Gerardo Ortiz —que además no tengo ni idea de quien es— ni lo miraré. Me inquieta mucho, sin embargo, un detalle que no lo tengo claro, justamente, por no saber del tema más que de oídas: a la mujer, en el maletero del coche, ¿la mata primero de un balazo o la quema viva? Es un pormenor colosalmente importante en la dimensión del horror, señoras y señores. Ya el domingo escribí que el maltrato y la violencia contra las mujeres debiera ser el primero y más prioritario de los asuntos de la agenda política. Repito que estamos hablando de la mitad de toda la humanidad y que, pareciéndonos la pobreza una cuestión igual de apremiante, debemos entonces advertir que los pobres de este planeta son, en su gran mayoría… ¡mujeres! Ahora bien, que a un cantante de música popular (de ese género norteñobanda que tanto gusta a millones de personas) le venga la idea de producir un pequeño cortometraje cuyo contenido es esencialmente atroz nos habla, de nuevo, de la catastrófica descomposición moral de nuestra sociedad pero, a la vez, de algo todavía mucho más aterrador: la violencia ha adquirido cartas de legitimidad, por decirlo de alguna manera. Ya no es algo espantoso que atemorice a las personas, un advenimiento amenazador y horrible, sino que es parte de una suerte de normalidad y, como tal, puede ser representada como un entretenimiento. Pero, no estamos hablando aquí de la típica película de gánsteres sanguinarios en la cual el salvajismo, así de descarnado como pueda llegar a ser en el cine contemporáneo, es parte de una historia, de la misma manera como las tragedias de Shakespeare exhiben toda la dimensión de la crueldad humana. Esto es otra cosa: es una recreación de un suceso horrible, realizada con una absoluta falta de sensibilidad y una estremecedora inconsciencia, para servir de envoltura a una canción y darle un valor añadido; por lo mismo, viene siendo un acto profundamente indecoroso. No se puede ser tan ajeno al dolor de las mujeres en el mundo real y tan despreciativo de los valores como para consagrar la brutalidad de un amante celoso que, por si fuera poco, se pavonea al final, luego de haber quemado a su cónyuge. “Fuiste mía”, brama el cantante, supongo, mientras las llamas envuelven el coche con la “encajuelada”. Vaya consonancias tan siniestras, las de este maldito video, en un país azotado por los secuestros y sembrado de cadáveres de mujeres.

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