Messi, Vikingos Islandia, nosotros gritando Puto

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Les compartimos la columna del reconocido Carlos Puig, quien es columnista a nivel nacional de medios y que nos explica como está el asunto del Fútbol y lo que ha implicado en este momento para los aficionados y los propios jugadores.


 

 

Terminando la final de la Copa América, Messi anunció que no veía mucho sentido en seguir participando con la selección. Este hombre que lo ha ganado todo en su club, la más rutilante de las estrellas contemporáneas en el futbol no puede ganarlo todo con la camiseta albiceleste. Le duele, lo llora, se avergüenza. Desde el dolor, hace un anuncio precipitado.

Unos días después, Gerardo Martino hace el siguiente anuncio: “Debido a la indefinición en la designación de nuevas autoridades de la Asociación del Futbol Argentino y a los graves inconvenientes para conseguir conformar el plantel que represente al país en los próximos Juegos Olímpicos, el cuerpo técnico de la Selección ha decidido presentar su renuncia”.

Esto sucede en la selección número uno en la clasificación de la FIFA, subcampeona en las dos últimas Copas América y en la más reciente Copa del Mundo. En el éxito también hay dignidad.

En la Eurocopa, un grupo de semiamateurs islandeses, con dos directores técnicos —cosa rarísima—, hace lo inesperado y pierde en su quinto partido contra el anfitrión peleando hasta el último segundo para maquillar un resultado que podría haber sido de escándalo. Regresan a su casa y son recibidos como héroes con un festejo local en que se aplauden todos.

La selección mexicana viajó a Estados Unidos a celebrar una Copa América en condición, seamos honestos, de local. Cerca de casa, todos los estadios llenos de mexicanos, en campos donde los verdes juegan más seguido de lo que deberían. En los previos, los vendedores de espejitos de siempre hacen cuentas alegres. En la primera fase terminamos asustados contra Venezuela.

En el cuarto partido, Chile nos pone un revolcón histórico. Por futbol, por preparación, por ganas, por actitud. Nadie renuncia, nadie explica, nadie nada. Que siga la fiesta. La liga anuncia que entre más extranjeros mejor. Los equipos, en manos de los agentes y algunos otros mercaderes, los aburridísimos torneos cortos, la millonaria liguilla, el negocio, pues. La única voz digna, como siempre, la del gran Rafa Márquez que dice:

“No es que a veces no tenemos voz y voto, no es a veces. No hay voz ni voto para el jugador mexicano”. Ni para nadie más que no sean los dueños y sus patrocinadores, diría yo. Todo esto enmarcado con el grito de “puto”. Nuestro legado al futbol de hoy.

No sé qué quiera decir esto, más que explicar las razones de mi depresión histórica.

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