México: Los anónimos muertos de cada día

36
SHARE

Les presentamos en esta ocasión la columna de Román Revueltas Retes, analista quien escribe en medios nacionales y en esta ocasión presenta un panorama poco alentador de lo que ocurre con la sociedad y sus nuevas generaciones que en definitiva pone a pensar en el futuro que nos espera.

 

 

Román Revueltas Retes 

Diego Fernández de Cevallos lanzó una sentencia inapelable, aparte de tremenda, en su pasada columna: “No nos engañemos: el México empobrecido es una cantera inagotable de subversión y criminalidad”. Se refería a esas generaciones enteras de mexicanos que, sin futuro ni oportunidades en el horizonte, viven una vida de “dolor, frustración y resentimiento” y que, careciendo de todo, no tienen ya nada que perder cuando toman el camino de la violencia.

Estaríamos hablando de la semilla de un mal que florece en el corazón de sociedades poco integradas en sus valores, en sus proyectos y en la repartición de un bienestar que se concentra sobre todo en algunos sectores de la población. ¿Cómo puedes adoptar los ideales de una comunidad de la que te sientes totalmente marginado? ¿A qué principios te vas a adherir cuando tu entorno te resulta tan ajeno?

Y así, muchos ciudadanos, a la manera de esos jóvenes de los suburbios empobrecidos que se entregan fanáticamente al extremismo religioso en Francia, se distancian no sólo por completo de la moral imperante —un conjunto de ideas que funciona para un sistema excluyente y muy cruel en su capacidad de negar posibilidades a los individuos sin recursos— sino que comienzan a actuar por cuenta propia, por así decirlo: el vándalo que destroza mobiliario urbano en las manifestaciones no se siente en manera alguna comprometido a respetar y salvaguardar equipamientos que han sido pagados con el dinero de todos los contribuyentes —bienes públicos, en el más estricto sentido de la palabra— sino que se solaza precisamente en perpetrar destrozos que le significan una revancha, un desquite y, al final, una suerte de restauración del equilibrio de las cosas.

La descomposición social en México es un fenómeno por lo menos tan inquietante como el terrorismo que amenaza a las naciones civilizadas, aunque mucho menos espectacular. Pero, para quien quiera recurrir meramente a los números y las estadísticas, ahí está la escalofriante cifra de 70 mil muertos que resulta del enfrentamiento del Estado contra las organizaciones criminales. Y, mientras Francia, en 2012, había una tasa de dos homicidios por cada 100 mil habitantes, en este país fueron 22 asesinatos. Tenemos un problema absolutamente colosal. ¿Lo vemos?

DEJAR RESPUESTA